La derrota con Boca del domingo pasado invitaba a unos días de reflexión y de balance teniendo en cuenta el inminente fin de campeonato y de año, pero antes había que cumplir el último cotejo del fixture, ante el juvenil Rosario Central, en el Libertadores de América, y éste partido, terminó siendo una fiel radiografía del andar del equipo de Julio Falcioni durante este Apertura 2005 que ya finalizó.
Las 30.000 almas que volvieron a llenar el estadio de Avellaneda fueron testigos de un primer tiempo con buen juego por parte de ambos equipos, y con la actuación desequilibrante de Sergio Agüero, quien esta vez sí pudo desnivelar con su gambeta y su potencia, y que además se vio mucho más rodeado de camisetas rojas que el domingo pasado.
Pero el esfuerzo y el juego del nuevo pibe de oro del fútbol argentino no alcanzó, las oportunidades no fueron aprovechadas, el arquero Castellano hizo lo suyo y varios remates salieron desviados. Pero la mala suerte de Independiente no se limitó a eso: a los 36 minutos, Pablo Vitti giró en el área y lanzó un remate que se desvió en un defensor rojo y se clavó en el ángulo de Oscar Ustari. 0-1, resultado con el que se fueron al descanso.
En el complemento el Rojo salió a buscarlo de entrada, y Falcioni metió un cambio que ya había hecho en la Bombonera (Fabro por el ayer también intrascendente Armenteros). En esta oportunidad, Fabro tuvo un buen desempeño.
En una de las primeras llegadas, el Rojo igualó el encuentro: Agüero gambeteó un jugador canalla y desde fuera del área remató al arco, Castellano dio rebote y finalmente Pusineri se encargó de marca el 1-1. Parecía que el Rojo se lo llevaría por delante.
Pero el bueno juego de los juveniles comandados por Ángel Zof, en especial de Andrés Díaz, Vecchio y Vitti, también generó peligro en el área roja, que se critalizó cuando faltaban sólo 10 minutos para el final, cuando el delantero Marco Ruben cabeceó en la línea del arco de Ustari, tras un centro de Demaría y una habilitación -también de cabeza- de Rivarola. 1-2, y se perdía el invicto de local, en la última fecha.
El Rojo se fue para adelante sin prejuicios. Falcioni metió a César Pereyra por Lorgio Álvarez para jugar con tres delanteros (el ingresado, Agüero y Caggiano, quien había ingresado por Bustos Montoya cuando iban 1-1), algo que finalmente terminó dando resultado: cuando faltaban sólo dos minutos, el Kun dibujó una jugada genial entrando al área de los rosarinos, cedió para Caggiano, quien en vez de definir tocó hacia el centro del área chica, dejando indefenso al arquero de Central, la empujó Fabro y puso el justo 2-2.
Sobre el final, el árbitro Horacio Elizondo cobró un offside dudoso en el que era el gol del triunfo para Independiente, también marcado por Fabro. Tal como pasó en Banfield, tal como pasó en La Plata contra Estudiantes, anoche volvió a suceder. Ante una duda, se levantó la bandera, exactamente al revés de lo que se debería hacer.
El Rojo cerró un semestre de vaivenes emocionales y de resultados, superó la meta de 30 puntos puesta al inicio del torneo (sumó 32), perdió poco (pero lo hizo contra Boca, River y Gimnasia) y logró terminar invicto de local. Hacia el final hubo conflicto entre plantel, cuerpo técnico y dirigencia, algo que perjudicó el planteo y el juego del equipo en la Bombonera, en el partido más importante del año. Este tipo de errores deben ser aprovechados para no volver a cometerlos en el futuro, porque de darse ciertas condiciones y de mantener el proyecto de equipo competitivo que proponen Falcioni y Comparada, el Rojo debe ser protagonista y candidato también el Clausura 2006. La hinchada de Independiente, esa que llenó los estadios durante todo el torneo, lo merece. Este cuarto puesto finalmente conseguido es positivo teniendo en cuenta las condiciones iniciales del equipo, pero también debe ser un
toque de atención para jugadores y cuerpo técnico de cara a lo que viene: hay que superar lo realizado.
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