El Rojo desperdició una muy buena chance de quedar como único puntero del torneo al empatar como visitante en el Nuevo Gasómetro 1 a 1. En el primer tiempo, Independiente ganaba con justicia por su precisión al definir. Luego, con el rival con 2 jugadores menos, no lo pudo rematar y el empuje del Ciclón lo llevó a un inesperado empate. |
San Lorenzo festejó un empate como si hubiera ganado una Libertadores que sigue sin tener, tras el 1-1 ante el Rey de Copas. Es cierto: casi nadie imaginaba, cuando el Rojo jugaba con 11 jugadores y el Ciclón con 9, que el partido terminaría en empate. Pero ¿era para tanto festejo?
En el primer tiempo se jugó un partido friccionado, con cancha muy pesada –menos mal que no se inundó como en su inauguración- y con equipos plantados de forma similar. Independiente pegó justo en una de sus primeras aproximaciones, cuando Sergio Agüero lo pasó como “un poste” a su marcador, desbordó y la sirvió para el ya clásico gol de Nicolás Frutos.
A partir de allí, parecía que San Lorenzo, que aún tenía 11 jugadores, no empataría más. La razón era sencilla: el Ciclón iba al frente, pero no llegaba nunca con claridad al arco de Leyenda. Luego vinieron las conocidas expulsiones, la bronca de los hinchas locales y la supuesta transformación de los 9 azulgranas en gladiadores. Pero ¿qué hubiera pasado si la pelota de Agüero no hubiera pegado en el palo? ¿Si Saja no hubiera tapado ante Manrique, y luego ante Frutos? ¿Y si en la última jugada Saja no la volvía a sacar en la línea? Los “gladiadores” hubieran llorado por el arbitraje. ¿Llegadas de San Lorenzo? Una sola: cuando Montillo tiró un centro y, con suerte (ojalá que no de campeón), entró en el segundo palo. 1-1 y festejo del equipo más grande de los chicos.
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