Parece que al proyecto de Julio César Falcioni se le está terminando el combustible. Independiente volvió a ser una sombra y no sólo demostró que el equipo no está para pelear arriba, sino que además parecería que los jugadores que hoy conforman el plantel tienen menos calidad (y coraje) que los que tuvieron que abandonar el equipo tras el torneo pasado, por exclusiva decisión del DT y con apoyo de la Comisión Directiva.
El entrenador rojo alineó el primer equipo con la misma formación (exceptuando el regreso de Fernando Cáceres en lugar de David Abraham) que el sábado pasado le ganó a Vélez en Liniers (demostrando lo irregular que es Independiente, en particular, y el campeonato, en general).
Por eso, Oscar Ustari; Lorgio Álvarez, Marcelo Méndez, Cáceres, Eduardo Domínguez; Martín Fabro, Mariano Herrón, Lucas Biglia, Emiliano Armenteros; Sergio Agüero y Eduardo Bustos Montoya fueron los once que saltaron a la cancha.
Los primeros minutos mostraron un encuentro parejo, con más velocidad que buen juego, y con mucha imprecisión de parte de ambos equipos. A los 6' llegó Estudiantes con un zurdazo de Mariano Pavone -tras pase corto de José Luis Calderón-, que Ustari retuvo fácilmente y sin rebote, como es su costrumbre.
El Rojo contestó apenas dos minutos después, con un desborde y posterior centro de Armenteros, que Agüero no pudo disparar bien, y el rebote le cayó a Biglia, quien remató desviado, aunque cerca.
Los primeros 10 minutos seguían mostrando un partido más que parejo, y nadie de los presentes imaginaba que a partir de la primer media hora todo sería diferente.
A los 18' llegó una gran jugada combinada entre Armenteros y el Kun, y el remate de éste salió muy cerca del palo izquierdo del arco defendido por Martín Herrera.
Independiente parecía mejor, y lo mostraba con avances y alguna que otra llegada, como la que no pudo definir Bustos Montoya, tras una gran jugada individual de Fabro y un pase de Agüero. Enseguida, a los 28', con una jugada entre Fabro y Biglia, y con similar desenlace por parte del Nº 9 rojo, casi convierte Independiente. Pero se venía lo peor.
De contra, Estudiantes dibujó una precisa jugada de ataque, tomando mal parado al mediocampo y a la defensa roja. Rodrigo Braña metió una gran habilitación para José Sosa, y éste cedió a Pavone, quien entraba solo para definir, con el arco de frente. 1-0 para los platenses.
Independiente no tuvo reacción, mostrando lo que vendría en lo que restaba del encuentro. Tal es así que en los 6 minutos que separaron los dos primeros goles pinchas, el Rojo no generó ni una opción de peligro.
A los 34', y tras un error de Domínguez, Pavone -nuevamente sin marca- fusiló a Ustari con un violento remate que tocó la red. 2-0.
El equipo de Falcioni, por supuesto, sintió el golpe casi como un knock out, pero quedaba mucho tiempo como para darse por vencido -al menos completamente-.
Será por eso que a los 43' pudo llegar el descuento, pero el Kun Agüero, a pesar de una gran corrida, no cedió oportunamente para Armenteros que entraba solo para definir, y se perdió una clara chance.
Pocos segundos después, fue el turno del propio Nº 11 rojo, quien tampoco pasó bien el balón para Bustos Montoya, que pudo haber convertido antes de terminar la primera etapa. El Rojo se fue con silbidos y los blancos más notorios fueron el entrenador y ciertos jugadores, como Eduardo Domínguez.
El golpe de efecto que Falcioni quiso dar con las entradas de David Abraham por el cuestionado Domínguez y de Enzo Bruno por Fabro en el comienzo del complemento tampoco llegó y no se lograron los objetivos.
El Rojo marcó con 3 en el fondo -Méndez, Abraham y Cáceres-, mientras que Álvarez pasó a jugar de "8" y Bruno libre, como enlace, aunque más tirado hacia la derecha en primer término.
Pareció que Independiente se despertaba, cuando al minuto de juego Biglia perdió un gol tras un tiro libre. A los 7', además, Bustos Montoya desperdició una chance increíble, tras un magnífica jugada asociada entre Bruno, Agüero y Armenteros. Quizá esta situación decidió a Falcioni a sacar al Nº 9, quien a los 10' salió reemplazado por Osvaldo Miranda.
Sobre los 15' se notaba un dominio territorial y de pelota de Independiente, aunque no lastimaba. En realidad, el Rojo jugaba a lo que le convenía a Estudiantes, que regulaba esfuerzos y planteaba el contragolpe como estrategia para definir el pleito. A los 18', tras una buena jugada de Pavone, Marcos Angeleri casi convierte, de no haber sido por el arquero del Rey de Copas.
A los 22' llegó la única jugada como la gente de Independiente en casi todo el encuentro: en una contra -Estudiantes había tenido un córner a favor-, Armenteros y Agüero llegaron al área con pelota dominada y allí tocaron para Álvarez, quien con un toque sutil dejó a Miranda en posición para definir, pero un cruce exacto de un defensor mandó la pelota al tiro de esquina.
Más allá de eso, había olor a otro gol de Estudiantes: a los 26', y tras centro de Héctor Núñez, Abraham sacó la pelota justo cuando se venía la definición de Calderón.
Pero "Caldera" tendría su premio: a los 29' Pavone fue fouleado por Biglia en el área del Rojo y el árbitro Gabriel Favale cobró penal, que fue ejecutado por el propio ex-Independiente: 3-0 para el Pincha.
El resto del partido fue un monólogo, en el que Estudiantes no marcó más tantos quizá por el cansancio de haber jugado el jueves pasado por la Copa. Los jugadores de Independiente deambularon por el terreno, quizá esperando que se terminara el encuentro de una buena vez. Los últimos 15 minutos fueron de dominio total de los platenses y de una lastimosa actuación -sin ganas, sin coraje, sin fútbol- del once rojo.
La continuidad de Falcioni -en el próximo torneo- parece que no está asegurada. Pero teniendo en cuenta el fútbol actual, y viendo cómo está perdiendo puntos -y dinero, y posibilidad de ir a las copas, y prestigio- Independiente en este torneo, quizá el sendero del DT en las últimas fechas del presente campeonato tampoco esté abrochado. Pero también existen otras realidades: hay jugadores (Bernardo Leyenda, Eduardo Domínguez, Esteban Buján) que también deberían seguir el destino del entrenador.
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